lunes, 7 de febrero de 2011

01. Invitación al abrazo

Invitación al abrazo (a modo de dedicatoria y agradecimientos)

Un día alguien se olvidó una puerta abierta y me colé en la Milonga. Miré, escuché, aprendí a bailar, me contaron cosas, adiviné otras. Fue la experiencia y no la mirada fría y objetiva del investigador la que me despertó el deseo de contar. Frases y situaciones que surgieron oyendo confidencias, quejas, ocurrencias, engendraron estos relatos. Pregunté a los tantos extranjeros que venían a Buenos Aires a bailar, por qué se habían apasionado de ese modo con nuestro tango. La respuesta era siempre la misma: “por el abrazo”.

¿Cómo contarles a los que bailaban lo que ya sabían, lo que ellos mismos estaban viviendo? Decidí hacerlos cómplices y que se vieran reflejados. Y se encontraron como en un espejo.

Creían reconocerse en algún personaje: “decime, el gordito que baila con las flacas soy yo, ¿no?”. Otras se sentían vengadas: “ qué bueno que hablaste de las mal bailadas, se lo merecen”. Algunos me dijeron: “los leo para entender lo que me pasa.” Me daban ideas, me sugerían que escribiera sobre temas que les inquietaban. Todos se sentían legitimados en su berretín.

Hijo natural de una pasión con el tango, apadrinado por los milongueros, acunado por las bailarinas, nació este libro. Robándole al baile el tiempo para escribir y al escribir el tiempo para bailar, ya que el tiempo del trabajo era intocable. Con la picardía de la milonga, la pasión del tango y el vértigo del vals, se hizo este abrazo porteño que quise compartir con cada uno.

El Bazar tuvo repercusión en varios países. La revista Reportango de New York reproduce en cada número un capítulo en inglés. Se hicieron traducciones en portugués, italiano, alemán, ruso y francés. Fue publicado en Alemania y próximamente se editará en Suecia. Despertó el interés de antropólogos norteamericanos que lo incorporaron como material de lectura en la Cátedra de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Berkeley.

Y así llegó la segunda edición. El libro se amplió con los comentarios de los bailarines, y otras notas que había guardado en secreto. Hoy el Bazar se ha poblado de nuevos abrazos, y en él se encuentran los locales y los extranjeros, los que bailan o no, los eternos amantes del tango y los que apenas empiezan a descubrirlo.

1 comentario:

  1. Gracias Sonia por tu invitación a resignificar el inefable abrazo argentino.

    Una delicia tu texto.

    Abrazo!

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